Exposición: “Esencia cromática, olor a color”

Exposición: “Esencia cromática, olor a color”
Autor: Íñigo Sáenz Bermejo
Los aromas son memorias que flotan sin cuerpo, susurros del tiempo que se niega a morir. Un perfume antiguo, una flor abierta en la niebla, el humo del café al amanecer: cada uno, un eco de lo vivido y lo soñado. ¿Qué es el aroma, sino el alma invisible de las cosas? Aquello que no se ve, pero se siente como una caricia sin manos.
Y los colores… ah, los colores. Son emociones hechas luz. Rojo, el grito de la sangre y del deseo. Azul, la contemplación del infinito, el silencio del alma cuando se pierde en el cielo. Verde es la esperanza que brota en los márgenes de la desesperación. Amarillo, la risa del sol cuando atraviesa las hojas. Cada tono es una vibración del ser, una forma distinta de sentir el mundo.
Aromas y colores son los lenguajes que no necesitan palabras. Hablan en silencio, como los pensamientos más profundos, como los sueños que no alcanzamos a nombrar. ¿Y no es acaso la vida una sinfonía de estos suspiros invisibles y pigmentos sutiles?
Vivimos oliendo recuerdos y viendo emociones. El mundo no es una realidad objetiva, sino una danza de impresiones que nos rozan, nos transforman. ¿Qué somos entonces? Quizá una mezcla de esencias y matices. Un alma pintada con perfumes y luces, caminando por un universo que se revela no por lo que es, sino por lo que evoca.
La combinación de colores y especias crea una sinestesia visual y sensorial que trasciende lo puramente estético; une el cromatismo con las esencias naturales, las hierbas y las especias para evocar recuerdos profundos y emociones latentes. Cada tono puede remitir al calor de una cocina ancestral, al aroma terroso del comino, a la frescura de la menta o al dulzor envolvente de la canela. Esta unión entre color, aroma y textura transforma la pintura en una experiencia más íntima, donde no solo se observa, sino que también se siente y se recuerda. Enfocar la obra en estos elementos permite capturar lo invisible: los momentos vividos, los olores olvidados y las sensaciones táctiles que forman parte de nuestra memoria emocional. Así, la pintura se convierte en un puente sensorial entre el presente y el pasado, entre lo tangible y lo intangible.